domingo, 19 de enero de 2014

Faláfel



Whole Kitchen en su Propuesta Salada para el mes de enero nos invita a preparar un clásico de la comida árabe: Faláfel.

Se trata de una croqueta de garbanzos o habas muy  sencilla de elaborar que admite múltiples formas de presentación, algo que sin duda siempre gusta.  A la hora de mostrarlo a nuestros comensales podemos optar por la forma más tradicional, unas pequeñas bolas acompañadas de salsa de yogur. También podemos dar un giro a la presentación y prepararlo a modo de pequeñas hamburguesas, como parte de las ensaladas, en pan de pita… En definitiva, podemos hacerlo como más nos guste.


Historia de nuestra receta
El origen del faláfel data de las épocas bíblicas y en la actualidad es una comida típica de Oriente Medio (aunque también se come en India y Pakistán), que se ha popularizado en otros países por los restaurantes especializados en comida oriental. Se sirve acompañado con salsa de yogur o de tahina.
Se cree que es originario de la India donde se cocinaba con pan especiado, aunque otros creen que su origen es egipcio. Lo cierto es que se trata de un plato que cada vez se elabora en más países del mundo, además de representar una buena opción para los vegetarianos.
Curiosamente, la palabra faláfel que viene de la palabra árabe filfil que significa pimiento. El faláfel (al menos al estilo de Oriente Medio) está hecho con habas, garbanzos o una combinación de ambos. La variante egipcia, llamada ta`miyya, emplea exclusivamente habas, mientras que otras variantes emplean exclusivamente garbanzos.


Lo que hace diferente al faláfel de otras empanadillas, es que las habas o garbanzos no se cuecen: simplemente se ponen a remojo en agua hasta que se ablandan y luego se trituran (se les puede quitar la piel antes) mezclados con ajo, cebolla y una buena cantidad de cilantro, principalmente, para formar una pasta. Con esa pasta se hacen unas bolas achatadas que se fríen en abundante aceite. En ocasiones puede utilizarse también harina de garbanzo para dar más consistencia a la mezcla. Hoy en día los faláfel se pueden comprar congelados en muchos establecimientos de Europa.
El faláfel que más ha triunfado finalmente es el que se elabora únicamente con garbanzos, tanto en Oriente Medio como en los países en los que este plato se ha introducido, servidos en pan pita, acompañadas de tahini (salsa de ajonjolí), hummus (crema de garbanzos) y variedad de ensaladas.
En este enlace podéis encontrar más información acerca de su origen.



INGREDIENTES:
Receta adaptada Recetas de Rechupete

Para los Faláfel:
Nos saldrán unos 20–25
300 gr. de garbanzos
1 cebolla tierna
2 dientes de ajo
2 cucharadas de perejil fresco
1 cucharada de cilantro fresco
1 cucharadita de comino molido
¼ de cucharadita de cayena molida
1 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
1 cucharada de harina de garbanzos
2 cucharadas de semillas de sésamo (para rebozar, opcional)
Aceite de oliva suave
Sal

Para la salsa de yogur:
1 yogur natural
1 cucharada de aceite de oliva
1 diente de ajo muy picado
El zumo de medio limón
Menta fresca picada
Sal
Pimienta negra

NOTA:
Los garbanzos son el ingrediente principal de este plato por lo que debemos adquirir unos de buena calidad que pondremos en remojo al menos 24 horas. Si tenemos tiempo podemos comenzar unas 48 horas antes, cambiando el agua a las 24 horas. Si el agua está templada ayudaremos a que se hidraten mejor. Esta receta se hace exclusivamente con garbanzos o habas  hidratadas y nunca deben estar cocidos con anterioridad. De esta manera el sabor es mucho más intenso y sabroso.

Preparación de los faláfel:
Ponemos los garbanzos a hidratar y cuando estén los escurrimos muy bien y lo dejamos sobre un papel absorbente durante unos minutos para que suelten el agua que pueda quedarles.
Los metemos en un utensilio picador de batidora o robot de cocina y trituramos bien, hasta conseguir una textura similar a la de la arena, quedará una pasta granulada. Queremos que nos queden bien picados pero sin llegar a convertirse en harina de garbanzos. Incluso puede quedar algún que otro tropezón pequeño. Una vez picados, los reservamos en un bol y seguimos preparando el resto de ingredientes.
Echamos en el vaso de la picadora la cebolla cortada en gajos pequeños, los dientes de ajo en cuartos (sin la parte central para que no nos repitan), la cayena molida, el comino molido, el perejil y el cilantro en hojas, una pizca de sal, la cucharada de harina de garbanzos y finalmente la cucharadita de levadura química. Trituramos todo y añadimos la mezcla a la masa de garbanzos.
Con la ayuda de una espátula vamos removiendo con movimientos circulares, hasta que nos quede todo bien incorporado y resulte una mezcla homogénea. A continuación preparamos las bolas de faláfel, para ello debemos mojarnos las manos para que no se nos pegue la masa. Vamos cogiendo porciones y hacemos bolas del tamaño aproximado de una nuez, apretándolas para que suelte el agua que le pueda quedar. Si la masa resultara demasiado húmeda y vemos que no se puede dar bien la forma,  podemos añadir un poco más de harina de garbanzos para darle más consistencia.
Una vez hecha la bola, la aplastamos ligeramente para darle la forma definitiva. Repetimos esta acción hasta terminar con la masa. Debemos procurar que no nos queden muy compactas porque si no el faláfel resultará seco y “mazacote”. Las rebozamos en las semillas de sésamo y vamos depositando las porciones en un plato. Tapamos con un paño limpio o con film transparente y dejamos que repose al menos 1 hora en el frigorífico en la parte de arriba, donde menos enfría. Durante este tiempo dejamos que la levadura actúe y así nos quedarán más esponjosos. Si no los vamos a utilizar todos podemos congelarlos para cocinarlos en otra ocasión. Al igual que cuando hacemos croquetas, los freiremos directamente sacados del congelador.
En un cazo o en una sartén ponemos abundante aceite de oliva suave o de girasol, de modo que al freírlos queden sumergidos. Cuando esté caliente pero no demasiado (que no llegue a echar humo), los freímos por tandas, es mejor no poner a freír más de 3-4 cada vez, para que no baje demasiado la temperatura del aceite, en aproximadamente un minuto estarán listos. En cuanto estén dorados los vamos sacando y los depositamos en un plato con papel de cocina para que escurran bien el aceite.


Para hacer la salsa de yogur:
En un bol ponemos el yogur, el ajo finamente picado, el sumo de medio limón,  el aceite de oliva, las hojas de menta fresca bien picada, sal y pimienta al gusto. Removemos con la ayuda de una varilla o de una cuchara y tendremos lista nuestra salsa.
Servimos los faláfel calientes con la salsa de yogur,acompañados de una ensalada.
 En este vídeo podéis observar su preparación.




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